¿Qué tanto podemos exigir a los atletas olímpicos?

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Seamos sinceros, el deporte mexicano nunca se ha caracterizado precisamente por destacar. Salvo algunas escasas excepciones, el común denominador en los atletas mexicanos es simplemente dar una buena competencia, lamentablemente no siempre es suficiente para ganar un lugar en el podio.

Pero vayamos al tema. Desde que comenzaron los juegos olímpicos en Río de Janeiro se ha criticado fuertemente — a mi parecer en demasía — las actuaciones de atletas cuyos nombres parece que recordamos solamente cada cuatro años. Comprendo que parte de nuestros impuestos pagan algunos de los gastos en que incurren estos atletas durante su preparación, pero todos sabemos que no es ni de cerca suficiente para lo que requieren. ¿Entonces tenemos derecho a criticarlos y exigirles medallas si no podemos siquiera cumplir con las necesidades básicas para su preparación?

Por poner un ejemplo, la mayoría de periodistas se están comiendo vivas a las participantes de Tiro con Arco, en parte por las desafortunadas declaraciones de Aida Román — aunque justificadas por las razones detrás de ellas, así como la frustración de ser eliminada, creo que no era el momento ni la forma — en las que menciona que “no le debe nada a nadie.” Al parecer dichos periodistas, que justifican sus criticas detrás del argumento “son deportistas de élite, y tenemos derecho a criticar porque nuestros impuestos les pagan”, han olvidado que en las dos últimas Copas Mundiales de Tiro
con Arco
 realizadas en Shanghái la delegación mexicana no contaba con uniformes, teniendo que ir a un centro comercial comprar unas camisetas e improvisar los nombres con cinta adhesiva. Por otra parte en la mayoría de los casos cada uno de los participantes tuvo que costearse parte de sus viajes.

¿Pueden ver el punto al que quiero llegar? Nuestro derecho a criticar es proporcional a la cantidad de apoyo que les brindemos a estos atletas. Porque seamos sinceros, ¿a cuantos de nosotros nos suena conocido el nombre Rodolfo Cazaubón, Alejandra Valencia, Lino Muñoz o Kenia Lechuga o en que disciplinas participan cada uno de ellos? Estos nombres solo los escuchamos cada cuatro años, y algunos ni siquiera así. Cuando consiguen una medalla, del color que sea, automáticamente se convierten en orgullo nacional y TODOS nos subimos al tren del mame, pero si a caso hubo alguien mejor o cometen un error, es un fracaso y “que mejor ni regresen.”

Desgraciadamente la naturaleza del mexicano siempre lo lleva a culpar a alguien más cuando no se consiguen los objetivos, en el caso de los periodistas y espectadores la mayoría de las veces estos culpables son o el atleta o los federativos. Uno por poner en vergüenza al deporte nacional y los otros por enviar al primero — como si los juegos olímpicos fueran de “listo, ya te inscribí, ahora a ver como le haces” — y claro, por sus ya conocidos malos manejos.

En lo personal, considero que hasta que como nación no podamos brindar todos los recursos necesarios a los atletas — y asegurarnos de que llegan a ellos y no se quedan por el camino — para que puedan concentrarse en entrenar y no tengan que estarse preocupando por uniformes o costear sus viajes, no podemos exigirles medallas, todo lo que podemos exigir es que den su mejor esfuerzo. Y así, al final de cada prueba, dejar de preguntar por qué no se pudo, y comenzar a preguntar si lo dieron todo y si creen poder mejorar.

Dejemos de repartir culpas y aceptemos la realidad, el día que lo hagamos y cambiemos las cosas podemos hablar de verdaderos fracasos, hasta entonces solo son esfuerzos. Y si estos esfuerzos no rinden más frutos que una actuación decorosa, es porque eso es a lo que realmente aspiraban nuestros atletas. No por falta de ambición o preparación, sino porque hubo alguien mejor preparado.

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